La amenaza fantasma dentro de la Iglesia

Una de las ideas más repetidas cuando se habla de los escándalos de abuso en la Iglesia Católica es que muchos consagrados cometen estos crímenes porque no pueden tener pareja, sexo ni afectos íntimos. Según esta visión, el celibato se vuelve una represión peligrosa, un caldo de cultivo para conductas destructivas. Pero, ¿y si el problema no fuera exactamente ese?

Quisiera proponer una hipótesis: que el problema de fondo no es tanto la abstinencia sexual, sino el culto a la autoridad. Es decir, la forma en que ciertas estructuras eclesiales convierten al líder espiritual en una figura casi sagrada, incuestionable, intocable. Esta no es una teoría abstracta para mí. En algún momento, dentro de un movimiento eclesiástico, me tocó ser jefe de un grupo de jóvenes. Y durante ese tiempo me sentí justamente así: intocable, portador de una autoridad que —creía— provenía directamente de Dios. Al mismo tiempo, seguía ciegamente a quienes habían sido mis líderes. Lo que ellos decían, era. Sus gestos, sus frases, sus decisiones… todo era asumido como sabiduría divina.

La manito. Luis Gnecco, el cura Karadima, y Benjamín Vicuña. FOTO: PRIMER PLANO

Es en este tipo de vínculos donde puede incubarse una lógica peligrosa: la manipulación disfrazada de obediencia, el control envuelto en espiritualidad. Michel Foucault mostró cómo las instituciones usan el poder no solo para imponer normas, sino para moldear la forma en que pensamos y sentimos. En algunos entornos religiosos, esta dinámica se intensifica porque el poder se reviste de sacralidad. Ya no solo se obedece al líder: se cree que obedecerlo es obedecer a Dios.

Este tipo de relación produce apego emocional, dependencia afectiva y sumisión intelectual. Y allí puede emerger el abuso. Un abuso que no empieza en la cama, sino en la conciencia. Recuerdo que alguna vez, viendo un video en YouTube, escuché una idea del psicoanalista Erich Fromm que me marcó profundamente: muchas personas prefieren la obediencia al pensamiento crítico porque les da seguridad. Esa frase me hizo sentido. En contextos religiosos, esto puede escalar peligrosamente: el sometimiento se vuelve virtud y el silencio, una prueba de fidelidad. Y si esto ocurre en nombre de la fe, entonces el riesgo de manipulación se vuelve aún mayor.

No se trata aquí de negar que el celibato, mal vivido, pueda generar tensiones o conflictos internos. Benedicto XVI reconocía en una entrevista que el celibato “no es fácil” y que exige una madurez afectiva profunda. Y el Papa Francisco ha sido claro al señalar que el abuso no es solo pecado, sino “un crimen” nacido de un desequilibrio de poder y de una cultura de encubrimiento.

En ese sentido, quizás el foco debería ponerse menos en el celibato y más en las estructuras eclesiales que absolutizan el poder, sacralizan a sus líderes y desalientan el pensamiento crítico. Movimientos religiosos que dicen formar santos, pero muchas veces forman súbditos obedientes a un líder más que discípulos libres en Cristo.

Esto, por supuesto, es una hipótesis. No se trata de afirmar que todo abuso nace del culto al líder, ni de decir que el celibato no plantea desafíos reales. Se trata, más bien, de abrir otras preguntas. Porque si seguimos culpando exclusivamente al celibato, podríamos estar mirando hacia el lugar incorrecto.

Y si fuera verdad que los abusos se gestan no tanto en la falta de relaciones sexuales, sino en la ausencia de relaciones sanas de poder, entonces estamos ante un llamado urgente a repensar cómo se forma, se ejerce y se obedece la autoridad dentro de la Iglesia.

En “Amén. Francisco responde”, el Papa conversa con jóvenes del mundo sobre los grandes temas de hoy. Un retrato honesto del pontífice más cercano de los tiempos modernos.

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Soy Lucas

Lucas Medina

Solo por Webeo es un blog personal donde comparto ideas, reflexiones y ensayos desde una mirada íntima, crítica y creativa. Escribo para pensar, para cuestionar… y porque escribir, honestamente, se ha vuelto mi nueva crisis de los 30’s.