Cuando la fe se convierte en excusa para discriminar

Opinión personal de tu vecino y amigo Lucas Wallsito

Hay momentos en la vida pública en los que uno se pregunta si el Evangelio ha sido leído con atención o, más bien, manipulado con la habilidad de un político y la dureza de un juez. Recientemente, se ha promulgado una ley que prohíbe a las personas trans el uso del servicio higiénico que corresponde a su identidad de género.

Más allá del complejo trasfondo antropológico, psicológico y sociocultural que este tema podría implicar, me detengo en un aspecto que —como alguien que intenta vivir la fe católica— considero aún más preocupante: el argumento con el cual se intenta justificar esta medida.

El razonamiento central sostiene que permitir a las personas trans usar el baño con el que se identifican abriría la puerta a potenciales abusos sexuales hacia menores. Este argumento, aunque aparentemente preventivo, es en realidad profundamente discriminatorio, infundado y moralmente irresponsable.

Decirlo sin rodeos: equiparar la identidad trans con una amenaza es éticamente inaceptable. Hacerlo en nombre de la protección infantil, sin evidencia, sin estudios serios, sin un marco argumentativo sólido, es simplemente jugar con el miedo social. Y hacerlo, además, portando la cruz como bandera, es una de las traiciones más graves al mensaje cristiano de los últimos tiempos.

La caridad, virtud olvidad

En Evangelii Gaudium, el Papa Francisco nos exhorta a “salir al encuentro”, a acoger antes que condenar, a priorizar el rostro concreto de la persona sobre cualquier norma abstracta. Y sin embargo, muchos creyentes —especialmente algunos que ocupan espacios de poder político o mediático— han convertido la cruz en una especie de trinchera ideológica desde donde disparan juicios, etiquetas y miedos.

La tradición cristiana, si se lee con honestidad, no está basada en la sospecha, sino en el amor. San Juan lo dijo con claridad: “El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor” (1 Jn 4,8). Y no cualquier amor: uno que se encarna, que se compromete, que no le teme al escándalo de tocar la herida ajena. Cristo no dudó en acercarse al leproso, al recaudador de impuestos, a la adúltera. ¿Qué nos hace pensar que hoy, en su nombre, podemos levantar muros en vez de puentes?

Captura del video La Noche Habla emitida por YouTube el 13 de Mayo

¿Y si el verdadero problema es a quién estamos escuchando?

Cuando el discurso religioso se vuelve genérico, legalista o apocalíptico, pierde su fuerza redentora. Ya no se habla desde la experiencia del amor de Dios, sino desde el orgullo de sentirse “puros”, “correctos”, “del lado bueno”. Y esto, más que cristianismo, es fariseísmo con redes sociales.

En una segunda entrega, quiero ir más allá del juicio moral y explorar qué tipo de cristianos necesita hoy el mundo. ¿Referentes que condenan o discípulos que aman? ¿Pastores o jueces?

Te invito a seguir leyendo: la cruz no fue diseñada para herir, sino para abrazar… pero será la próxima semana, porque aún no termino de escribir la segunda entrada.

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Soy Lucas

Lucas Medina

Solo por Webeo es un blog personal donde comparto ideas, reflexiones y ensayos desde una mirada íntima, crítica y creativa. Escribo para pensar, para cuestionar… y porque escribir, honestamente, se ha vuelto mi nueva crisis de los 30’s.