Inteligencia artificial en publicidad: ¿herramienta o amenaza?
El reciente anuncio de Meta sobre su sistema de publicidad automatizada —llamado Infinite Creative— propone una revolución: conectar tu cuenta bancaria, ingresar el objetivo comercial, y dejar que la inteligencia artificial (IA) haga el resto. Desde la creación de contenido hasta la optimización de campañas.
Este avance reabre el debate sobre los límites entre inteligencia artificial y creatividad humana. ¿Es posible automatizar una idea original, culturalmente relevante y emocionalmente poderosa?
Danny Bustos Linares y el fin de las agencias tradicionales
En LinkedIn, el estratega Danny Bustos Linares publicó una reflexión que ha generado amplio debate. Según él, el rol técnico de las agencias está desapareciendo. La IA ya reemplazó muchas tareas básicas: segmentación, pruebas A/B, entrega de medios. El nuevo mercado solo absorberá a quienes aporten valor estratégico y conocimiento de métricas como CAC, LTV, embudos y CRM.
Para Danny, no se trata de resistirse a la IA, sino de adaptarse: evolucionar o desaparecer. Su visión es clara: quienes entiendan la publicidad como un proceso mecánico serán sustituidos por algoritmos más veloces y eficientes.
Fernando Iyo y la defensa de la creatividad humana
La publicación de Fernando Iyo funciona como un contrapunto. Su enfoque no es técnico, sino cultural. Iyo le preguntó a una IA (Grok) qué sabía Zuckerberg de creatividad publicitaria, y la respuesta fue clara: nada.
Zuckerberg, dice, no viene del mundo de las ideas, sino del de los algoritmos. Su enfoque premia el rendimiento inmediato por encima del relato, el clic por encima del concepto, la segmentación por encima de la emoción, reduciendo la creatividad humana a una variable prescindible.
En otras palabras, la IA puede optimizar, pero no puede soñar. Puede generar titulares funcionales, pero no crear campañas como Just Do It o Think Different. No tiene memoria cultural, ni vulnerabilidad, ni intuición. Es, en el mejor de los casos, un espejo estadístico de lo que ya fue.
Inteligencia artificial y creatividad: ¿pueden convivir?
Ambas publicaciones, desde lugares distintos, coinciden en una preocupación: la automatización está transformando radicalmente la industria.
La IA puede ser una excelente herramienta de apoyo, pero no un reemplazo del pensamiento crítico, la intuición o la sensibilidad cultural. Puede ayudarte a optimizar un mensaje, pero no puede decidir qué historia merece ser contada.
La creatividad no es solo una respuesta eficiente, es un ejercicio de humanidad. Y en esa dimensión, las máquinas aún tienen límites.
Creatividad y humanidad: una relación que no puede programarse
Relegar la creatividad al algoritmo es una tentación peligrosa. Significa acelerar el proceso, pero también perder la pausa, el conflicto interior, la exploración que da origen a las grandes ideas.
Mientras más automatizamos, más urgente se vuelve recordar que detrás de cada gran concepto hubo vulnerabilidad, error, conversación y una búsqueda no lineal. Algo que, hasta ahora, ninguna inteligencia artificial ha logrado simular con autenticidad.
Conclusión: el futuro no se construye solo con datos
La inteligencia artificial y la creatividad no tienen que ser enemigas. Pero el desafío es claro: necesitamos reafirmar el rol del ser humano como centro del proceso creativo.
Usar la IA como herramienta, no como sustituto. Apostar por la construcción a largo plazo, no solo por el rendimiento inmediato. Y mantener viva la pregunta más importante: ¿para qué estamos creando?
El mercado puede automatizarlo todo. Pero el alma de una idea —su verdad, su belleza, su impacto humano— no se programa. Se vive. Y por más que Zuckerberg lo intente, eso no se automatiza.








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