✈️ Sí, como lo lees. El flamante Aeropuerto Internacional Jorge Chávez —esa megaobra que demoró años en construirse— fue inaugurado sin acceso peatonal. Si llegas sin auto o taxi, básicamente no puedes entrar.
🛑 Así es…
A pesar de ser una de las obras más esperadas de infraestructura en el país, los peatones no pueden llegar caminando de forma segura… ¡y no podrán hacerlo hasta 2028 o 2029! El ingreso provisional solo contempla acceso vehicular, dejando fuera a quienes no llegan en taxi, auto propio o en los famosos buses “oficiales” que, en la práctica, hacen paradas como cualquier combi de ruta. En tiempos donde se promueve la movilidad sostenible, esto suena a un chiste de mal gusto… pero es real. Quizás el aeropuerto despegó, pero la planificación urbana se quedó en tierra.
🚌 Cultura combi al 100%
¿Quieres usar transporte público? Hay buses que te llevan, pero hacen paradas como si fueras camino a Gamarra. No es una línea exclusiva ni express.
Lo bueno: puedes pagar con Yape.
Lo random: Yapeas directamente al chofer, a su cuenta personal. Tecnología con sabor criollo.
🏗️ ¿La arquitectura? Un galpón eficiente
Según la cuenta de Instagram @arquitect.a, el nuevo aeropuerto no parece una puerta de entrada al país de la cultura milenaria, sino más bien un centro logístico:
“No hay narrativa, no hay identidad. Es un diseño genérico que podría estar en cualquier parte del mundo y seguir sin decir nada.”
O sea, funcional sí. ¿Representativo? Para nada.
🍔 ¿Y el lado bueno? Hay hamburguesas
Después de tanta odisea, caos vehicular y taxis que cobran como si uno llevara oro en la maleta… siempre queda el consuelo de comer algo. En ese sentido, Papacho’s y Burger Boy hacen lo suyo: nada que una buena hamburguesa no pueda aliviar —aunque sea por un rato—.
🎫 Reflexión final (sin dramatismo, pero con verdad)
Dicen que la arquitectura también es lenguaje, y que lo que construimos habla de lo que valoramos. Si la entrada a nuestro país parece un galpón sin alma, sin vereda, sin bienvenida… ¿qué dice eso de nosotros? San Agustín decía que el alma se conoce por lo que ama. ¿Será que en nuestro modelo de desarrollo hemos aprendido a amar más lo útil que lo bello, más lo eficiente que lo humano? Tal vez sea momento de preguntarnos no solo cómo viajamos, sino a dónde vamos como sociedad. Porque el verdadero progreso no se mide solo en pistas, sino en el tipo de país que soñamos construir desde la mismísima puerta de entrada.
Por ahora, la experiencia completa de “llegar al Perú” arranca recién cuando logras salir del aeropuerto… si logras salir.








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