El arte de seguir siendo pareja en medio del caos

Hace unos días, sin darnos cuenta, volvimos a decir esa frase que repetimos tanto: “Todo por los chatos”. Es una forma cariñosa de afirmar que estamos dispuestos a dejarlo todo por nuestros hijos. Y en cierto sentido, es verdad.

Dejamos la película que queríamos ver. Cambian nuestras preferencias en YouTube y Spotify. Jugamos con ellos aunque estemos agotados. Los bañamos, los peinamos, les preparamos la comida, incluso cuando el cuerpo ya pide descanso. Todo por ellos.

Pero el último fin de semana, por un pequeño proyecto freelance, se presentó la oportunidad de salir los dos solos. Sin coche, sin lonchera, sin pañales. Y vaya que lo disfrutamos.

Ahí me cayó una ficha importante: por más que adoremos ser padres, al final del día —y sobre todo en unos años— solo quedaremos tú y yo. Yo contigo, tú conmigo. Por eso, no podemos dejar de cuidar lo que somos como pareja.

La complicidad también se cría

La rutina, el cansancio, las responsabilidades… a veces nos hacen olvidar que no solo compartimos tareas, sino también una historia de amor que merece seguir creciendo.

La complicidad no se conserva por inercia. Se cultiva. Con detalles, con silencios cómodos, con esas miradas cómplices que aún dicen “te elijo”, incluso cuando todo parece desbordarse. Y es que una pareja fuerte no solo es un regalo para los esposos. También lo es para los hijos.

Los hijos crecen viendo cómo se aman sus padres. Y aunque no digan nada, aprenden del ejemplo: cómo se resuelven los conflictos, cómo se piden perdón, cómo se celebran los logros y cómo se respetan los espacios. Por eso, cuidarnos como pareja también es una forma de cuidarlos a ellos.

Gestos que alimentan el amor

No se trata de grandes cosas. A veces basta con un mensaje inesperado en medio del día. Una taza de café caliente. Un “yo me encargo esta noche” cuando el otro ya no da más.

Una idea sencilla: tener en el celular una nota con ideas de pequeños detalles o regalos. Muchas veces, el otro lanza “pistas” que uno puede ir anotando, porque el amor también está en los gestos que parecen mínimos, pero sostienen lo esencial.

Y celebren. Sí, celebren. Un curso que acabó. Un mueble nuevo. Una tarde sin interrupciones. Una dificultad que superaron. Que no se les pase la vida sin brindar por ella.

Porque al final…

Al final del día, después de los deberes, del trabajo, del caos doméstico… solo quedamos tú y yo.

Y si sabemos cuidarnos, entonces no solo seremos buenos padres. También seguiremos siendo buenos compañeros. Y eso, sin duda, será el mejor regalo que nuestros hijos podrán recibir.

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Soy Lucas

Lucas Medina

Solo por Webeo es un blog personal donde comparto ideas, reflexiones y ensayos desde una mirada íntima, crítica y creativa. Escribo para pensar, para cuestionar… y porque escribir, honestamente, se ha vuelto mi nueva crisis de los 30’s.