Estos próximos cuatro días voy a hacer algo que a veces cuesta más de lo que parece: descansar.
Sí, tomarme una pausa. Detener la marcha. No porque me falten ideas o ganas de escribir —de hecho, tengo más temas que nunca revoloteando en la cabeza—, sino porque siento que necesito reconectar. Con la lectura. Con mis hijos. Con el silencio. Con todo eso que a veces se pierde entre los pendientes laborales, las métricas y la urgencia de estar “siempre presente”.
Y si este proyecto se llama Solo por Webeo, entonces estos días también serán una oportunidad para webear. No desde la evasión, sino desde la pausa que nos permite mirar las cosas con otros ojos. Respirar distinto. Ver qué aparece cuando no se busca nada.
Descansar también es parte del proceso creativo. Algunas de las mejores ideas no nacen frente al teclado, sino mientras uno lava los platos, camina sin apuro o juega con los hijos en el suelo. Las pausas nos devuelven una mirada más limpia. Un corazón más dispuesto. Y, muchas veces, la claridad que no llega en medio del ruido.
Lo que parece improductivo a los ojos del mundo, muchas veces es el terreno fértil donde germinan los pensamientos más valiosos. Por eso no hay que subestimar el valor de parar. De dejar que el alma respire.
Sé que este blog tiene como misión invitar a cuestionarnos, a reflexionar sobre la vida, la fe, la cultura o la paternidad, pero también es, y siempre será, un espacio donde yo mismo entreno una habilidad que quiero cuidar: la escritura. Esto no es un hobby más, es parte de lo que soy y hacia donde quiero ir.
No voy a negar que hacer estas pausas me inquieta un poco. Las plataformas no descansan, el algoritmo de Meta no perdona y el alcance baja en segundos. Pero me importa más sostener el alma del proyecto que sus estadísticas. Porque sin alma, ni las métricas sirven.
Así que estos días no habrá artículos nuevos… pero sí habrá vida. Momentos. Abrazos. Y páginas subrayadas. Y de ahí, seguramente, nacerán nuevos textos con más sentido.








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