¿Puede el diablo ser inocente? Papini y Santo Tomás en diálogo

¿Qué pasaría si te dijeran que Dios salvó al mundo con un “engaño”? En su libro El Diablo, Giovanni Papini recupera la antigua imagen de San Gregorio Magno según la cual el demonio fue “engañado” por Dios a través del cuerpo de Cristo, como un pez que muerde el cebo sin ver el anzuelo. La metáfora es provocadora. El problema es cuando se toma demasiado en serio.

Este ensayo no busca resolver debates teológicos, sino mostrar cómo Santo Tomás de Aquino, sin necesidad de Twitter ni TikTok, ya había corregido, con precisión quirúrgica, algunos de estos excesos retóricos. Y cómo, sorprendentemente, el cine contemporáneo también se ha acercado a estas mismas paradojas, narrando —una vez más— que el mal se derrota a sí mismo cuando choca contra un bien que no se impone por la fuerza.


Parte 1: Papini, el anzuelo y Tomás

Papini no se inventa nada: cita con fidelidad la imagen de San Gregorio Magno sobre Cristo como un cebo ofrecido al demonio. La carne como trampa. La divinidad como anzuelo. El resultado: Satanás muerde y pierde.

Papini lo lleva más lejos. Habla abiertamente de un “fraude” divino, de una redención obtenida “a costa de un engaño”, como si Dios hubiese tenido que ser más astuto que bueno para salvarnos.

Y ahí entra Santo Tomás de Aquino.

El Aquinate reconoce que los demonios no conocían el plan de la redención, pero sí sabían que estaban atacando al Justo. Su ignorancia no los excusa. No fue que Dios los engañó; fue que el demonio actuó libremente movido por el odio. Y ese odio lo dejó ciego.

“Dios no engaña, ni actúa mediante fraude. El demonio no fue forzado: fue vencido por su propia malicia.”
Summa Theologiae, III, q.48

Entonces, ¿hubo un plan superior? Sí. ¿Hubo trampa? No. Lo que hubo fue una sabiduría que desbarata el mal con el bien. Y esa sabiduría, aunque invisible, también aparece en el arte y en el cine.


Parte 2: Cuando el cine también engancha al mal

El drama del diablo es su orgullo. Su odio lo enceguece. No puede amar, ni obedecer, ni comprender que el camino de la victoria pasa por la entrega. Ese patrón trágico aparece también en grandes narrativas de ficción moderna.

Anakin Skywalker

Anakin no fue engañado. Él eligió el camino del lado oscuro, creyendo que así podría evitar el dolor y la muerte. Su elección fue racional, libre y definitiva. Pero su odio nubló su juicio. Como el demonio, quiso controlar el destino y acabó destruyéndolo todo: su amor, su alma, su misión.

Asesina a niños, traiciona a su maestro, pierde su humanidad. Lo hace con conocimiento, y sin posibilidad de retorno. Su historia es la del ángel caído que quiso más poder… y terminó esclavo.

Voldemort y Harry Potter

Aquí el juego cambia. Voldemort es quien, como el demonio, cree vencer al inocente. Cree matar a Harry… y en ese acto firma su propia condena. Es el odio lo que lo hace perder.

Y Dumbledore, con su sabiduría paternal, protege sin forzar. Sabe que el mal se destruye a sí mismo cuando se enfrenta al bien verdadero. Como Dios Padre con Cristo, no interviene con violencia, pero prepara el camino para la victoria a través del sacrificio.


Conclusión

Giovanni Papini nos provocó con una metáfora poderosa. Pero no hace falta pensar en Dios como un tramposo. Basta con ver cómo el mal, por su propia ceguera, se derrota a sí mismo cuando enfrenta al Amor que no se defiende.

Santo Tomás de Aquino, con su claridad teológica, nos enseña que la verdad no necesita disfraces. Y el cine moderno —sin pretenderlo— vuelve a narrar la antigua historia: que el diablo cae por morder la mano que vino a salvarlo.

Deja un comentario

Soy Lucas

Lucas Medina

Solo por Webeo es un blog personal donde comparto ideas, reflexiones y ensayos desde una mirada íntima, crítica y creativa. Escribo para pensar, para cuestionar… y porque escribir, honestamente, se ha vuelto mi nueva crisis de los 30’s.