¿La lectura es un lujo en el Perú?

I. El reencuentro y el golpe de realidad

En diciembre de 2024 volví a leer con disciplina. No fue un propósito de año nuevo ni un reto de redes: simplemente sentí el llamado de un hábito que había dormido demasiado tiempo. Cada libro terminado me devolvía algo que creía perdido: la calma, la atención, la curiosidad.

Un día, después de cerrar el último ejemplar, abrí BuscaLibre para ver qué seguía. Tenía una lista de deseos acumulada desde hacía meses. Por curiosidad —y quizás un poco de obsesión— decidí revisarla. Lo que encontré no fue solo una colección de títulos, sino una radiografía de mis inquietudes y aspiraciones.

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Fue ahí cuando comprendí que el reencuentro con la lectura, en el Perú, no termina en las ganas… sino en la billetera.


II. La pirámide y el libro

Maslow decía que primero hay que comer, dormir, sentirse seguro. Luego vienen la pertenencia, el aprecio y, más arriba, el deseo de aprender, de entender, de crear.
Esa última parte —la autorrealización— no es lujo: es la forma más pura del crecimiento humano.

Y ahí entra la lectura.
Un libro no es solo un objeto de papel: es la escalera invisible que te permite subir un poco más arriba de ti mismo. Por eso, cuando los libros se vuelven inaccesibles, no solo se encarece un pasatiempo: se encarece el derecho a pensar.


III. La realidad peruana: cultura con precio de boutique

En mi lista de deseos hay once libros. Algunos rozan la crítica social, otros buscan la introspección o el simple placer estético.
Están Legionarios de Cristo, El Secreto del Hijo, Empieza con el Porqué, El Regreso del Peregrino, Cómo mandar a la mierda con elegancia, La Cuarta Espada, El libro negro, La Teoría de Juegos, Un mundo feliz, El Don de la Siesta y Ahorita: apuntes sobre el fin de la ilusión.

Once títulos. Once búsquedas.
Desde la autorrealización hasta la reflexión política, desde la estética hasta la crítica social.

Sumados, alcanzan los S/776.80, con un promedio de S/70.62 por libro.
Setecientos setenta y seis soles por once oportunidades de crecer.
Setenta soles por cada intento de ser mejor.

Y claro, uno se pregunta: ¿cómo justificar eso en un país donde el sueldo mínimo apenas pasa los mil soles? ¿Cómo priorizar un libro sobre la luz, el gas o el almuerzo de los hijos?

Incluso con la Ley del Libro y sus exoneraciones, los precios siguen altos. Algo se rompe en la cadena: los impuestos se alivian, pero la cultura sigue costando.
Entonces, el lector peruano se ve obligado a cazar descuentos, a esperar ferias o, peor aún, a rendirse ante la piratería.
No por deshonesto, sino por desesperado.


IV. Lo que realmente está en juego

El costo de los libros no solo limita a individuos: empobrece el pensamiento colectivo.
¿Cómo formar ciudadanos críticos si acceder a un libro cuesta lo mismo que llenar el tanque del carro o hacer la compra de la semana?

Cuando leer es un privilegio, pensar también lo es.
Y la sociedad que deja de pensar, se queda sin voz, sin matices, sin alma.


V. Democratizar la cima

Mi reencuentro con los libros me recordó algo esencial: el deseo de entender, de imaginar y de crecer no debería depender del bolsillo.
Leer no es lujo. Es necesidad espiritual.

Necesitamos políticas que vean el libro como bien público, no como producto de élite.
Necesitamos bibliotecas abiertas, activas, vivas.
Y sobre todo, necesitamos creer —como país— que el conocimiento no debe estar en vitrina, sino en las manos.

Porque la verdadera medida del desarrollo no está en cuánto produce una nación, sino en cuánto lee, cuánto piensa y cuánto sueña.
Democratizar la lectura, en el fondo, es democratizar la posibilidad de llegar a la cima.

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Soy Lucas

Lucas Medina

Solo por Webeo es un blog personal donde comparto ideas, reflexiones y ensayos desde una mirada íntima, crítica y creativa. Escribo para pensar, para cuestionar… y porque escribir, honestamente, se ha vuelto mi nueva crisis de los 30’s.