La vida es un ratito, pero el amor no

Como he dicho en distintas publicaciones del blog, este espacio no nació solo para expresar mis ideas o pensamientos, sino también para dejar una bitácora. Un lugar al que mis hijos puedan regresar algún día, cuando la memoria —esa frágil y caprichosa aliada— no alcance a sostener todo lo vivido.
Más que una colección de textos, este blog es mi manera de guardar el tiempo.

Hoy quiero detenerme en mi hija, Doménica.
Perdón si me permito hablarle directamente, pero hay palabras que deben escribirse antes de que se las lleve el viento. Y si algo aprendí en estos años, es que lo que no se dice a tiempo, se olvida.


Amada hija,
gracias por elegirme como tu papá.
Nunca olvidaré aquella noche en que viajaba a Chiclayo y tu mamá me pasó el celular. Tenías la voz temblorosa y me dijiste que querías que yo fuera tu papá. Sin temor a exagerar, esa fue la mejor noche de mi vida.
Normalmente uno no elige a sus padres ni a sus hijos, pero en nuestro caso fue diferente: Dios nos regaló esa gracia que no todos tienen.

Como siempre te repito: apacienta nuestras ovejas.
Tienes una gran madre y un hermanito pequeño con un corazón enorme. Cuídalos y déjate cuidar.

No dejes de aburrirte, porque en esos momentos nace la creatividad, y ese es tu don más valioso.
No tengas miedo de preguntar ni de cuestionar; sigue con esa curiosidad que te lleva a interrogar cada película, cada historia o libro.

Recuerda lo que siempre conversamos sobre el Maestro Yoda y Luke: no basta con intentar, hay que hacerlo. Pero también hay que saber caerse.
No hay dolor ni fracaso eterno, hija. Piensa en las veces que te caíste, en las vacunas que te dieron miedo, en las madrugadas con fiebre cuando te sostenía en mis brazos repitiéndote que todo pasa.
Y sí, todo pasa.
Todo menos mi tiempo para ti.
No importa la edad que tengas, ni el año ni la hora: mis brazos siempre estarán abiertos para escucharte, para secar tus lágrimas —esas que siempre tienen sabor a nuggets con mayonesa—.

Y si algún día no estoy, porque la vida es solo un ratito, encuéntrame en los momentos felices:
en la vez que fuimos al estadio a ver a la U campeonar,
en la vez que rezamos juntos y me preguntaste por qué había que arrodillarse,
en unas tres leches compartida,
en una travesura con tu hermano,
o en un abrazo con mamá.

Porque si bien la vida es bella, no deja de ser una lucha constante.
Y solo los valientes —los que se levantan, los que se ríen, los que aman— son los que de verdad la disfrutan.


No sé cuándo leerás esto, hija.
Si será apenas salga la publicación o cuando tengas un poco más de conciencia.
Pero espero que estas palabras te sirvan cada vez que enfrentes un problema o un obstáculo.

Siempre para adelante, con garra y con amor.

Te amo.

Papá.

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Soy Lucas

Lucas Medina

Solo por Webeo es un blog personal donde comparto ideas, reflexiones y ensayos desde una mirada íntima, crítica y creativa. Escribo para pensar, para cuestionar… y porque escribir, honestamente, se ha vuelto mi nueva crisis de los 30’s.