Debí tirar más recuerdos

¿Qué pasaría si pudieras borrar un recuerdo doloroso? ¿Y si tuvieras la oportunidad de revivir los momentos más felices de tu vida, una y otra vez?

En un mundo cada vez más acelerado, donde a menudo sobrevivimos en lugar de vivir, detenerse a pensar en la memoria puede parecer un acto nostálgico o hasta inútil. Pero el cine, con su capacidad de tocar fibras que no sabíamos que estaban ahí, nos recuerda —justamente— que los recuerdos no son simples archivos del pasado: son hilos invisibles que nos cosen por dentro. A veces raspan, a veces abrigan. Pero siempre nos definen.

Dos películas, tan distintas en tono como parecidas en fondo, me llevaron a pensar en esto profundamente: Eterno resplandor de una mente sin recuerdos y Cuestión de tiempo.

El eterno resplandor de una mente sin recuerdos

La película de Michel Gondry y Charlie Kaufman parte de una premisa tan dolorosa como fascinante: ¿y si pudieras borrar todo rastro de una persona que te rompió el corazón?

Joel, el protagonista, descubre que su ex pareja Clementine se ha sometido a un procedimiento para eliminarlo de su memoria. Él decide hacer lo mismo, pero a mitad del proceso, comienza a resistirse. No porque el dolor haya desaparecido, sino porque los recuerdos también contienen belleza. Incluso en lo que terminó mal, hay momentos que valen la pena ser recordados.

Lo que comienza como una historia de desamor se convierte en una reflexión sobre la identidad y la memoria. ¿Cuánto de lo que somos está hecho de lo que hemos vivido, incluso de aquello que quisiéramos olvidar? Hay una escena donde Joel intenta esconder a Clementine en recuerdos donde ella no pertenece, con tal de no perderla. Es desesperado, humano y revelador. Todos hemos querido aferrarnos a algo que ya se estaba yendo, como si mirar para otro lado pudiera evitar el adiós.

Cuestión de tiempo

En el extremo opuesto está Cuestión de tiempo, una película que, bajo una envoltura romántica y ligera, esconde una de las lecciones más profundas sobre el presente y la memoria.

Tim, el protagonista, descubre que puede viajar al pasado dentro de su propia vida. Al principio lo usa para corregir errores, conquistar al amor de su vida, alargar conversaciones con su padre. Pero a medida que crece, entiende que el verdadero regalo no es rehacer lo vivido, sino aprender a vivir cada día como si pudiera repetirse.

Hay una escena sencilla, pero inolvidable: Tim repite un día común —sin grandes eventos— solo para volver a disfrutarlo con atención plena. La segunda vez lo vive sin prisas, notando detalles, miradas, silencios. Me hizo pensar en cuántos días pasé en automático, sin darme cuenta de que en lo cotidiano se esconden los recuerdos más valiosos.

La película no propone cambiar el pasado, sino reconciliarnos con él. Porque si aprendemos a vivir mejor el presente, ya no necesitaremos volver atrás.

La ciencia también recuerda

Esa sensibilidad que el cine retrata con tanto arte no es solo emocional: también tiene una base científica. La psiquiatra Marian Rojas Estapé, en su libro Cómo hacer que te pasen cosas buenas, explica que los recuerdos placenteros pueden activar en el cerebro los mismos mecanismos que cuando los vivimos por primera vez. Es decir: lo que recordamos con intensidad, lo revivimos. La memoria no solo nos cuenta una historia, también nos afecta físicamente. Por eso, cerrar los ojos y volver a una escena feliz puede calmar la ansiedad, reducir el estrés, e incluso ayudarnos a sanar.

Rojas Estapé también señala algo crucial: los recuerdos más importantes suelen estar ligados a nuestras relaciones con los demás. Nos marcan no solo por lo que ocurrió, sino por con quién lo compartimos. Lo que recordamos con más cariño —o con más dolor— casi siempre tiene rostro, voz, abrazo. Y aunque a veces queramos olvidar, lo cierto es que el recuerdo nos conecta con lo que alguna vez nos hizo sentir vivos.

De alguna manera, he aprendido a calmar el estrés del trabajo o la tristeza de la soledad volviendo, aunque sea por un instante, a ciertos recuerdos. A veces basta con mirar una foto del nacimiento de mi hijo, o un video junto a mi esposa celebrando en el estadio Monumental aquel título Apertura que Universitario ganó en 2024. Otras veces, es un viejo video donde mi hija baila solo para hacerme reír. Son esos momentos los que me sostienen cuando todo parece pesar más. Por eso creo que deberíamos convertirnos, más que en acumuladores de cosas, en coleccionistas de experiencias y recuerdos. Tener un rincón al que regresar cuando el mundo se pone gris, un refugio hecho de memorias donde alguna vez fuimos profundamente felices.

2 respuestas a “Debí tirar más recuerdos”

  1. Avatar de Vivir también es crear – Solo por webeo

    […] reflexioné antes en otro artículo titulado Debí tirar más recuerdos, los momentos significativos tienen un poder que trasciende el tiempo. Según la psiquiatra Marian […]

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Soy Lucas

Lucas Medina

Solo por Webeo es un blog personal donde comparto ideas, reflexiones y ensayos desde una mirada íntima, crítica y creativa. Escribo para pensar, para cuestionar… y porque escribir, honestamente, se ha vuelto mi nueva crisis de los 30’s.