De la utopía digital al ruido absoluto

Cómo Internet terminó pareciéndose a aquello que juró destruir

Hasta hace no mucho, había quienes se resistían a abrir una cuenta en Instagram o Tiktok. Decían con firmeza: “Yo no necesito eso.” Era una forma de marcar distancia frente a un mundo que avanzaba a velocidad digital. Pero alrededor de 2015, la marea tecnológica terminó por alcanzarnos a todos. Las grandes corporaciones colonizaron cada rincón de lo virtual y millones fuimos sumándonos, casi sin darnos cuenta, a la era del algoritmo.

En sus inicios, la promesa era luminosa: una plaza pública global donde cualquier persona —sin importar su origen— pudiera expresarse, debatir, crear. Libertad de expresión, descentralización, pensamiento colectivo. Pero algo se torció.

Cuando todos hablan, ¿quién escucha?

La democratización del discurso no trajo una explosión de inteligencia colectiva, sino un océano de ruido. En lugar de elevar la conversación, la masificación digital convirtió cada diálogo en un grito por atención. Lo profundo se volvió superficial. Lo creativo, repetitivo. Lo significativo, irrelevante.

Hoy, basta con caminar frente a una cámara con un beat de fondo para volverse tendencia. En YouTube, cualquier joven con buena dicción puede convertirse —o intentar convertirse— en la voz autorizada de toda una hinchada. O lo que es peor: en el vocero no oficial de una institución. El mérito ya no está en lo que se dice, sino en cuántos clics se logra generar. Como si el valor de una idea pudiera medirse en reproducciones.

El espectáculo también duele

SociCrema, un youtuber peruano conocido por su contenido futbolero, fue agredido por hinchas rivales. No justificamos la violencia —eso nunca—, pero el episodio nos deja una pregunta incómoda: ¿cómo llegamos al punto en que el escándalo se volvió nuestra moneda de cambio?

Las redes, que prometían ser una alternativa a la “televisión basura”, terminaron replicando sus peores prácticas. Pero a mayor escala. Lo que antes se transmitía a ciertas horas, hoy circula 24/7. Lo que antes se veía en un canal, ahora se multiplica en millones de pantallas.

Y cuando la tragedia irrumpe, lo hace en clave de contenido. En marzo de 2025, Paul Flores —conocido como Russo—, músico peruano, fue asesinado de noche, aparentemente víctima de extorsionadores. En horas, las redes se llenaron de comunicados, portadas editadas, hashtags y homenajes. “Hasta siempre, Russo”, leímos en cada rincón digital. No se trata de juzgar los gestos de duelo, sino de preguntarnos: ¿Qué cambia realmente? Cada tragedia se vuelve tendencia. Cada muerte, contenido. La indignación se viraliza, pero rara vez se transforma en acción. Y la voz que debería importar —la de las autoridades que deben responder con medidas concretas— queda ahogada en el eco digital.

La revolución del ruido

Queríamos escapar de los intermediarios, pero terminamos produciendo contenido para algoritmos. Buscábamos libertad, y nos topamos con una fábrica de estímulos donde solo importa quién grita más fuerte. Nos prometieron una revolución, pero nos entregaron un loop infinito de tendencias.

Los más optimistas dirán que esto es la democracia en su máxima expresión: ahora todos pueden hablar. Pero como advertía el villano de Los Increíbles, “si todos son superhéroes, entonces nadie lo es”. Hoy, si todos hablan al mismo tiempo, nadie escucha. Y cuando todo es urgente, nada lo es realmente.

¿Y ahora qué?

No se trata de nostalgia, ni de tecnofobia. Se trata de hacernos una pregunta incómoda: ¿cuánto de nuestra expresión es auténtica, y cuánto es solo eco? ¿Dónde quedó la pausa, la contemplación, el silencio necesario para que algo tenga peso?

Tal vez el gesto más subversivo en esta época no sea publicar más, sino aprender a escuchar. A crear desde otro lugar. A distinguir cuándo una muerte debe ser duelo, y no espectáculo.

Porque si internet se convirtió en lo que juró destruir, no es por culpa de la tecnología. Es porque confundimos visibilidad con verdad, y contenido con sentido.

Una respuesta a “De la utopía digital al ruido absoluto”

  1. Avatar de TikTok está arruinando el entreteniendo – SOLO POR WEBEO

    […] no solo nos muestra contenido: nos enseña a consumirlo con ansiedad. Ya lo había dicho en De la utopía digital al ruido absoluto: la promesa de conexión se volvió ruido. TikTok es la versión más refinada de ese ruido, casi […]

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Soy Lucas

Lucas Medina

Solo por Webeo es un blog personal donde comparto ideas, reflexiones y ensayos desde una mirada íntima, crítica y creativa. Escribo para pensar, para cuestionar… y porque escribir, honestamente, se ha vuelto mi nueva crisis de los 30’s.