Había libros que no convenía leer.
Películas que no valía la pena ver.
Autores de los que había que desconfiar.
No hacía falta prohibirlos formalmente. Bastaba con saber que alguien los consideraba basura, enemigos de la Iglesia o, simplemente, poco convenientes para el alma.
Durante mucho tiempo viví la fe dentro de ese mundo.
Hasta que empecé a hacer preguntas.
Soy Lucas Medina. Soy redactor creativo, esposo, padre y católico. Y probablemente Solo por Webeo nació cuando entendí que creer no podía significar renunciar a pensar.
Empecé a encontrar patrones
Mi salida de un movimiento eclesiástico coincidió con una época particularmente incómoda para la Iglesia latinoamericana.
La misión Scicluna-Bertomeu volvió a poner sobre la mesa testimonios, denuncias y preguntas que durante demasiado tiempo habían permanecido debajo de ella.
Entonces algo comenzó a inquietarme.
No eran solamente los abusos sexuales, probablemente la expresión más brutal y dolorosa del problema.
Era todo lo que podía existir alrededor.
La manipulación de las conciencias.
El abuso de autoridad.
El encubrimiento.
El silencio.
La obediencia convertida en renuncia al pensamiento.
Y mientras más leía sobre la historia de la Iglesia, más difícil se hacía aceptar una explicación que había escuchado demasiadas veces:
son solo algunas manzanas podridas.
Los nombres cambian.
Los movimientos cambian.
Los siglos cambian.
Pero algunas dinámicas permanecen.
Entonces nació Solo por Webeo
No nació para atacar a la Iglesia.
Tampoco para defenderla a cualquier precio.
Nació para hacer preguntas.
Aquí escribo ensayos, crónicas e investigaciones sobre fe, poder, paternidad y cultura. Leo libros que quizá hace algunos años habría evitado. Reviso documentos. Escucho testimonios. Contrasto versiones. Y vuelvo una y otra vez sobre una pregunta:
¿Qué ocurre cuando entregamos nuestra conciencia a otra persona?
Porque el abuso de poder no necesita solamente de alguien dispuesto a abusar.
Necesita estructuras que lo permitan.
Personas que encubran.
Comunidades que prefieran no preguntar.
Y, demasiadas veces, personas convencidas de que obedecer siempre es una virtud.
Por eso no quiero que leas Solo por Webeo para terminar pensando como yo.
Sería contradictorio.
Quiero que dudes de lo que escribo.
Que busques otras fuentes.
Que leas.
Que discutas.
Que me contradigas.
Pero, sobre todo, que nunca permitas que nadie piense en tu lugar.
Hay dos personas para quienes también escribo
Mis hijos.
Quizá algún día Dome y Lucca lleguen a esta página.
Y si lo hacen, quisiera que entendieran algo.
Su papá escribió muchas veces sobre las heridas de la Iglesia no porque quisiera verla destruida, sino porque todavía esperaba algo de ella.
Porque quisiera que ustedes encontraran una Iglesia más purificada, más parecida a la de Cristo.
Una Iglesia donde puedan encontrarse personalmente con Jesús.
Una Iglesia que acompañe su conciencia en lugar de reemplazarla.
Y una Iglesia donde, si algún día alguien intenta convencerlos de que preguntar es peligroso, sepan que probablemente ha llegado el momento de hacer todavía más preguntas.
Hacia dónde quiero llevar esto
Solo por Webeo nació como un espacio para escribir. Con el tiempo se convirtió también en un lugar para investigar, escuchar testimonios, hacer preguntas incómodas y contar historias.
Y quiero llevarlo más lejos.
Quiero hacer crónicas. Tener un podcast. Publicar libros. Algún día, producir documentales y abrir este espacio a otros autores que también tengan historias que merezcan ser contadas.
No sé exactamente qué forma tendrá Solo por Webeo dentro de cinco años.
Pero sí sé qué no quiero que cambie:
pensar, creer y criar sin delegar la conciencia.






